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CUENTOS MIEDO Y TERROR
CUENTO QUERIDOS MONSTRUOS (por Elsa Bornemann)
Esta historia comienza cuando vamos a la Quinta de Elían. Como muchas otras veces él nos tenía preparada una sorpresa. Era un sábado en el que había una gran tormenta.

Según Elían esta tormenta le avisaba que vendrían sus queridos monstruos. A las once de la noche de aquel sábado, Elían nos dijo a mis amigos, que eran siete, y a mí, que nos preparáramos para comenzar el ritual en el que se llamaba a los monstruos. Sin embargo, Elían siempre bromeaba mucho por lo que mis amigos se negaron a hacer el ritual.

Ellos le pidieron a él que hiciera sólo aquel ritual en el chalet cercano a la casa principal y en el que habían habitado unos caseros que luego de haber sido despedidos por los patrones habían muerto supuestamente jurando venganza. En aquel chalet Elían debía demostrar su valentía y la verdad de su historia de los monstruos. Si Elían cumplía los amigos le regalaban una serie de cuentos de terror que eran carísimos. Si perdía tenía que hacer los ejercicios de matemáticas de todos, por el resto de lo que quedaba del año.

Veinte para las doce de aquel sábado, Elían se dirigió al chalet para realizar el ritual. Dado que transcurría mucho tiempo y él no regresaba, mis amigos y yo nos preocupamos y junto con sus papas y tíos salimos a buscarlo. Para ese entonces eran las dos de la mañana, cuando entramos al chalet encontramos a Elían atrapado por su capa, la que había sido clavada al suelo por un cuchillo que Elían había llevado. Él estaba desvanecido y tras escuchar un casette que este había llevado para grabar a los monstruos, sus amigos lo felicitaron por su valentía, ya que en el casette se escuchaba la voz de Elían gritando para que no se lo llevaran los monstruos. Sin embargo, su papá aclaró la situación. Según él los monstruos no existían, y todo había sido un accidente que se produjo cuando Elían enterró el cuchillo en el suelo y al querer escapar no pudo, ya que había clavado también su capa.

A la mañana siguiente mis amigos y yo fuimos al chalet y allí observamos una rarísima huella de patas con garras y el surco de una cola. Esto fue algo inexplicable e hizo que Elían nunca más volviera a fanfarronear.


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